domingo, 12 de mayo de 2013

Rodrigo Jorquera: "Mi primera pelea"

Estoy metido hasta el cuello en el mundo de las peleas, no solo por haber hecho una carrera como competidor, instructor y empresario de peleas, sino por que soy un apasionado de estas, de esa sensación que provoca la pelea, de las emociones que se manejan en el antes, durante y después de las peleas, por que así me forje desde chico, peleando, preparándome para pelear, mentalizando y visualizando mis peleas y siempre, antes que nada, entregándome a la pelea.

Soy un convencido que el peleador nace, pero también se hace o el mismo decide hacerse, eso depende de la realidad que vive, la clase social, el entorno, el colegio, las calles del barrio, todas estas generadoras de situaciones en las que un niño va formando su actitud y carácter.

En mi caso, crecí con padres separados, viviendo de acá para allá con uno y con el otro, cambiando de barrio, cambiando de colegios (14 en total), cambiando de casa, cambiando de ciudad y de amistades, entrando a nuevos colegios teniendo que empezar nuevas amistades, tratando de ingresar a grupos de amigos ya formados, bien cerrados, peleando para ser aceptado en ese nuevo entorno.

Creo que el momento clave que me convirtió en peleador fue cuando hice el segundo grado de primaria; vivía en Cuzco con mi papa que es Chileno, los 2 solos. El trabajaba y yo me tenía que mover solo por la ciudad, aprendiendo a caminar las calles y pasando por varias situaciones peligrosas en una ciudad que no era la mía. En esa época yo tenía 7 años.

Recuerdo que segundo grado de primaria fue bien intenso. El primer grado lo hice en un colegio llamado “Las Mercedes”, este colegio era mixto solo el primer grado, de segundo para arriba eran solo mujeres, entonces para que pudiera continuar mis estudios de segundo grado, mi papá tenía que buscarme otro colegio.

El centro elegido para que yo haga el 2do grado de primaria fue uno para hijos de militares llamado “Francisco Bolognesi”, todo esto en la ciudad imperial; este colegio era solo de hombres y como era para hijos de militares, la línea de comportamiento de los alumnos era castrense (como para castrarlos a todos).

El Francisco Bolognesi fue un colegio duro para mí. Todos los días se fabricaban peleas para la salida y el cargamontón que constantemente se armaba en los recreos siempre varios contra uno era de terror, si la turba se la agarraba contigo te hacían mierda. A la hora de entrada los más lacras marcaban a su presa y no paraban de darle hasta después de clases, por que te esperaban a la salida y ya fuera del colegio, te daban el toque de gracia.

Yo pasé piola un par de meses hasta que alguien se entero, no se como, que mi papá es chileno y ahí si me hicieron mierda, entonces tuve que pelear, no solo por mi sino por el honor de mi papá, al que insultaban diciéndome cosas como “ tu papá es un perro chileno”, “basura chilena” y tantos adjetivos y comportamientos que mostraban ese odio que por años se ha sembrado en nuestro país, ese odio contra los chilenos que estos pequeños animalitos habían heredado genéticamente de sus gloriosos y patriotas progenitores.

Fue duro ese segundo grado de primaria, tuve que aguantar por un bimestre entero el cargamontón constante de una mancha de pequeños cachaquitos que se la ensañaron conmigo desde que llegaba al colegio en la mañana hasta que al fin podía perderlos ya cerca de mi casa, después de la salida. Fueron muchas veces las que me quedaba hasta tarde dentro del colegio, para no salir y evitar que me agarren las lacras, así la libraba a veces, otras era tratar de salir primero y ahí si patitas pa’ que te quiero si no son pa’ correr. Rapidito nomás arrancaba y no me agarraban.

Pasé por varias ese segundo grado de primaria, se me colgaban del bolsillo de la camisa y prajjjjjj, camisa rota hasta la altura del ombligo, me jalaban el pantalón desde el bolsillo también colgándose y prajjjjjj, la costura del pantalón se rompía hasta la rodilla; te quedabas así todo el día con la ropa y la moral rota. Yo no me dejaba, pero unidad no puede con decena. Estaba solo contra el mundo.
Hasta que un día esto tuvo que parar.

Ese día me fabricaron una pelea. Yo nunca había peleado y ese mismo día tenia que pelearme con Guillén que era de los más malosos del segundo grado y yo me cagaba de miedo de Guillén y no quise pelear. Traté de salir primero del colegio pero no pude, ya muchos estaban al tanto y no iban a dejar pasar la oportunidad de ver como le pegaban al hijo del Chileno. Se junto un manchón a la salida, me rodearon unos 20 y me fueron llevando a empujones bien caletas hacia la espalda del colegio, donde había una acequia bien grande, donde Guillén, al ver que yo no quería pelear, hizo que entre varios me quiten mi mochila y el mismo la tiró a esa acequia grande, con todos mis cuadernos y libros adentro. La mochila se hundió y todo se mojó.

Esto me hirió en el orgullo, había tratado de todas las formas de evitar la pelea por que en verdad me cagaba de miedo de Guillén, pero tirar mi mochila a una acequia con todas mis cosas fue demasiado. Traté de desviar la atención del público e intente recoger mi mochila pero la turba y toda la banda de Guillen se me pusieron al frente y no me dejaron llegar a la acequia, me empujaban y me gritaban “pelea oe’ maricón de mierda”, entonces me di cuenta que no tenia otra salida y tuve que pelear.
Me fue mal en la pelea, era mi debut oficial como peleador callejero y tuve que enfrentar a un experimentado Guillén que se había peleado varias veces ese bimestre y se las sabía todas, todas las del abusivo ya que no era el solo sinó toda su banda que lo apoyaba en todo lo que el decía. Guillén se me vino encima y en una seguidilla de puñetes que no supe ni de donde salieron, me conecto bien fuerte en la nariz; los ojos se me llenaron de lagrimas, la nariz se me congestiono de toda la sangre que me salió y ahí nomás quedo la pelea con Guillén vencedor y yo bien humillado. Todos se fueron del lugar llevando en hombros a Guillén como gran campeón y yo me quede ahí solo, al lado de esa acequia grande.

Al cabo de un rato, cuando la sangre ya había dejado de chorrear y mi orgullo había dejado de llorar, tuve que meterme a la acequia para sacar mi mochila y ver como estaban mis cosas; los libros no servían y en los cuadernos no podías leer nada, todas las páginas eran manchas de tinta; el agua había arruinado todo. Me trataron mal ese día, me humillaron feo.

Me quede bastante rato en ese lugar, mirando la acequia, mirando todo el lugar, pensando en lo que me había pasado y en el largo tiempo que me esperaba aun en ese colegio; esto ya había sido demasiado y no sabía que más me esperaba.

No quería llegar así a la casa, estaba todo rotoso, hecho mierda, lleno de sangre seca por todos lados y con mi mochila que era un estropajo. Así tuve que llegar y encontrarme con mi papá, que al verme en esas condiciones se puso recontra enérgico y me interrogo mismo detective para que le contara lo que había pasado.

¿Quién te ha hecho esto??? Por que te haz dejado hacer esto??? ¿Dónde vive Guillén???
O vás y le sacas la mierda ahora mismo a ese Guillén o sino yo mismo te saco la mierda a ti por huevón.

Así fue que mi papá me llevó de las orejas a buscar a Guillén, hasta la puerta de su casa y con toda la rabia y frustración que traía, no tuve más remedio que tocar el timbre, preguntar por el, esperar que salga y cuando lo tuve al frente, sin decirle nada, le metí un tremendo puñetazo en la boca y le volé dos dientes y no importa que sus dientes hayan sido de leche o no, igual se los saqué de un puñete y le dejé la boca bien rota; Guillén se puso a llorar; yo tenía casi 7 años en esa época, junio de 1982.
Las quejas por parte de los padres de Guillén al colegio, la suspensión de 2 semanas que me cayó y el rumor de lo que había pasado me dieron tranquilidad el resto del año en ese glorioso colegio; nadie me molestó más. Al acabar el año mi papá me cambio a otro centro educativo y ahí acabo el primer capítulo de mi experiencia como peleador. Ahí fue donde aprendí a ser un guerrero, a no aceptar el abuso y enfrentar situaciones que pueden ser aterradoras para un chibolito que ahí nada tenia que hacer. Es que los niños en etapa escolar pueden llegar a ser muy crueles; en el colegio se producen los mayores maltratos psicológicos. Te pueden hacer mierda si no eres fuerte, si no eres de la mancha, si no sabes defenderte, si eres pavo; te pueden dar durísimo y uno mismo muchas veces puede también comportarse como un imbecil y tratar mal a los más débiles.

Esta fue una buena lección que recibí de mi papá, igual cuando me caí del árbol que teníamos en la casa, al que ya no quise subir más. “O subes o te subo” me dijo mi papá; tuve que subir, le gane al miedo, mi papa me enseño a su manera a vencer mis miedos.

La pelea es miedo, son muchas emociones que se sienten en el corazón, que pusieron a prueba el tamaño de mi corazón; es el lugar donde tuve que enfrentar mis miedos y tuve que vencerlos; es solamente emociones; la vida te pega más fuerte que la pelea.

Mi conclusión, que la vida es una pelea constante, y que cada uno decide si gana o pierde, y que cada uno tiene la capacidad de aguantar hasta el castigo más fuerte y mostrando una sonrisa, darle vuelta a un resultado que podría estar siendo desfavorable.

De esa manera crecí, aprendiendo con esa ley, con esa filosofía; a pelear para salir adelante en mi vida.

Artículo tomado de https://www.facebook.com/SoloParaPeleadores

*Rodrigo Jorquera es actual Director Técnico de la Selección Peruana de Muay Thai y ha sido campeón nacional y sudamericano de muay thai.

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